Hoy en día existe crisis en la mayoría de los países tercermundistas, pero la crisis de Venezuela es la peor crisis económica contemporánea. A principios del año, su presidente, Nicolás Maduro, declaró un estado de “emergencia económica”.

La economía de Venezuela se contrajo 7,1% en el primer bimestre de 2016, según cifras del gobierno. Se ha encogido por siete trimestres consecutivos desde el inicio de 2016 y la inflación en Venezuela aumentó un 141% a principios del año.

 Los estantes de los supermercados están casi vacíos, las personas tienen que esperar en fila durante horas bajo el sol para comprar cualquier cosa y cientos de miles están tratando de salir del país. Sin duda son datos escalofriantes y Venezuela está al borde de una crisis de refugiados que podría desbordarse en toda América Latina y lo más caótico, que tienen a un mandatario gastándose las fortunas en giras de gobierno y celebrando fiestas de ex dictadores venezolanos.

Las razones van desde la caída del petróleo a nivel mundial, una moneda que vale menos que un centavo de dólar, crisis alimentaria y lo que más duele; los casos de corrupción por la lucha del poder.

Venezuela sin duda está en las penumbras, se ve difícil un pronto crecimiento y difícil abastecimiento. Dada la feroz recesión de la economía se encuentra con una serie de gastos e inversiones que ya no puede ser sostenida y con un incremento en los precios de todas las mercancías que en otros tiempos eran subsidiadas por una renta petrolera ingente y que hoy se ha hecho nula.

A pesar de todo esto, Maduro sigue creyendo que es él quien salvará a  Venezuela, sin clara dirección mueve el carro completo y trata por todos los medios de evitar tomar las medidas de ajuste referente a la problemática antes mencionada. Maduro sabe que tomar medidas destruirá la base ideológica del chavismo que se vende como un amoroso distribuidor de provento a sus fieles seguidores, a los que siguen el chavismo aún que no tengan que comer. Por todo ello el menos indicado de hacer políticas públicas en pro del país es el que sigue moviendo la pelota y es esta la situación que preocupa a toda la población y a los países que están a su alrededor.

 En Venezuela como en otros países que pasan por la misma situación es necesario invertir en el área petrolera del país mismo, que debe ser hecha por empresas privadas y/o por empresas mixtas, donde el gobierno tenga participación y que exista un flujo de ingreso efectivo. Siendo que la producción de petróleo de Venezuela ha mermado esencialmente, al punto de tener que importar gasolinas y petróleos livianos para suplir sus propios consumos; es viable dar prioridad al aumento de la producción de petróleo hasta llegar a niveles mínimos que impidan depender de las importaciones de petróleo y cualquier otro subsidio con gran demanda en el país. Medidas como estas permitirán que el aparato burocrático del gobierno, actualmente de un tamaño de más de 30 ministerios, más de 3 millones de servidores públicos, miles de empresas del estado; puedan reducirse a niveles y tamaños sensatos adecuados al tamaño de la nación venezolana de 30 millones de habitantes.

Esperar que este gobierno concluya legalmente su mandato en el 2019, sería condenar a Venezuela a su total destrucción y además alimentar las expectativas de una crisis extrema nacional. La solución y herramientas la tienen el gobierno, hacer una adecuada articulación de las mismas